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INTRODUCCION

 

La función más importante de la docencia es la enseñanza. Pero la enseñanza como tarea, como función cotidiana que se realiza en el aula, es el resultado de un conjunto de intenciones, experiencias, investigaciones y decisiones que se han tomado previamente, muchas de ellas incluso desconocidas por el profesor.

Puede decirse que la enseñanza es la punta de un iceberg; el trabajo en el aula es sólo la parte que asoma a la superficie, pero esta actividad está sustentada en orientaciones filosóficas y científicas, en decisiones políticas, en revisiones históricas; en fines que reflejan ideas sobre el tipo de sociedad y de personas que se consideran deseables; en contenidos que han sido definidos como valiosos, a la vez que necesarios, para ser transmitidos a las nuevas generaciones; en modelos pedagógicos que han sido calificados como eficientes o pertinentes; en explicaciones sobre la naturaleza psicológica del alumno y sobre la manera en que adquiere el conocimiento; así como en experiencias didácticas que se han ido acumulando con el paso del tiempo.

El presente trabajo está elaborado sobre algunas reflexiones en torno a dos de las áreas principales que fundamentan el proceso de enseñanza: las bases pedagógicas y psicológicas. Sin duda representa un enfoque parcial para entender el proceso educativo, pues sus fundamentos no son exclusivamente estos, pero las fuentes pedagógicas y psicológicas son las que soportan de una manera más directa e inmediata el trabajo docente en el aula. En el análisis realizado se trata de dar respuesta a las preguntas que con frecuencia nos hacemos los docentes: ¿Qué enseñamos? ¿Por qué enseñamos? ¿Cómo debemos enseñar?
La enseñanza, en el contexto de la educación formal, se puede definir como el acto por medio del cual el maestro pone de manifiesto los contenidos educativos al alumno, para que éste los aprenda.

 
La palabra enseñanza se deriva del vocablo latino insigno, que significa señalar, distinguir, mostrar o poner adelante. Algunos autores interpretan el significado de esta palabra como poner en signos o significar, en una traducción muy cercana al concepto de aprendizaje significativo. Con todo y que la tarea de enseñanza es realizada por el profesor, su objetivo final es el aprendizaje del alumno; es decir, una enseñanza eficiente sólo podrá considerarse como tal si como resultado tiene el buen aprendizaje del alumno; por lo tanto, la enseñanza se planea y se realiza en función del alumno.
Desde las perspectivas pedagógica y psicológica la enseñanza se nutre de cuatro elementos fundamentales: a) el currículum, que concentra finalidades, principios, valores que han sido seleccionados para que las nuevas generaciones los aprendan y los vivan, así como las estrategias didácticas para facilitar la enseñanza de estos contenidos, b) la relación maestro-alumno, que requiere ser entendida como un proceso de comunicación humana, en el que entran en contacto varias individualidades que se unen para lograr un objetivo común, c) el proceso de aprendizaje, que subyace y fundamenta al proceso didáctico, pues cualquier estrategia docente debe considerar esencialmente cómo es que aprende el alumno, d) el contexto, ya que el proceso educativo no se realiza de manera abstracta, sino que está supeditado fundamentalmente, al medio, al momento y a las personas que participan en el proceso.

El trabajo del profesor en el aula, a partir del planeamiento didáctico, debe estar fundamentado en estos cuatro aspectos esenciales.

EL CURRÍCULUM.

En el ámbito de la educación formal o escolarizada, el currículum no sólo es un elemento central, sino que es lo que hace que este tipo de educación sea considerado como formal, puesto que le brinda estructura, sistematicidad, secuencia y las directrices metodológicas que guían y orientan, pedagógicamente, el trabajo docente.

La educación, como fenómeno social, se sustenta en dos ideas que expresan su razón de ser; por una parte hay una intención de recuperar lo históricamente valioso, para transmitirlo a las nuevas generaciones, y de esa manera asegurar la conservación y el incremento de los bienes culturales; y por otra parte, se considera a la educación como un medio para transformar y mejorar la sociedad, tarea que se realiza a través de la mejora y perfeccionamiento de cada uno de sus miembros, considerados individualmente. Aunque son diversas instituciones sociales las que participan en la tarea de educar, se ha dado a la escuela la función de hacerlo sistemáticamente, y en la escuela se concentran los programas de educación básica, educación profesional, educación para el trabajo, etc. Es decir, la escuela es la institución social que se encarga de formar ciudadanos, profesionista, científicos, obreros, empresarios, etc.
Sin duda esto nos permite apreciar la relevancia social de la escuela, lo cual, desde luego, presupone graves responsabilidades para esta institución.

Los contenidos educativos representan valores de diversa índole que son seleccionados por la escuela por su valor formativo para el alumno y por su valor en la conservación y difusión de la cultura; es decir, la escuela recoge lo valioso de la sociedad para enseñarlo a las nuevas generaciones. Estos contenidos educativos se agrupan, se organizan y se administran a través del currículum. El currículum se entiende como el proyecto que determina los objetivos de la educación escolar, es decir, los aspectos del desarrollo y de la incorporación de la cultura que la escuela trata de promover y propone un plan de acción adecuado para la consecución de estos objetivos. El currículum tiene por tanto dos funciones diferentes: la de hacer explícitas las intenciones del sistema educativo y la de servir como guía para orientar la práctica pedagógica.

 
La palabra currículum es una voz latina a la que se han dado dos interpretaciones3: curro, que quiere decir carrera, y currere, que significa caminar. Ambos sentidos son apropiados para la interpretación pedagógica de este concepto. Generalmente el currículum expresa lo que se tiene que hacer para alcanzar un nivel educativo o terminar una carrera, y por otra parte, también indica el camino que se ha de recorrer para lograr esa meta. En otras palabras, el currículum no sólo indica el qué se ha de aprender, sino también el cómo hacerlo.

Currículum es la planeación necesaria que de manera anticipada se hace (tanto) de los fines -resultados de aprendizaje- como de los medios educativos para obtenerlos. Los procesos de enseñanza y aprendizaje se planean, organizan, ejecutan y evalúan en el marco del currículum. El currículum da forma y estructura al proceso educativo. Es un plan de acción donde se especifican los fines, los programas y las estrategias de enseñanza y aprendizaje, así como los apoyos académicos y administrativos que se requieren para lograr con eficiencia los fines planeados. Asimismo, a través del currículum se establece y se administra la relación entre la teoría y la práctica. Es el puente entre la intención y la acción, entre la teoría y la práctica5. De esto se sigue que el currículum no solamente es intención, sino también es realidad.

El currículum no constituye en sí mismo una finalidad educativa, su función es instrumental, en cuanto que rescata los fines educativos previamente establecidos, y en función de ellos, facilita, organiza y sistematiza las tareas educativas.

El currículum expresa la vinculación entre la escuela y la sociedad. La escuela recoge del medio social aspectos relevantes relacionados con sus necesidades económicas, políticas, sociales; sus valores, aspiraciones, inquietudes; los avances científicos y tecnológicos; las necesidades de desarrollo personal y profesional de sus integrantes, etc. Toda la información, necesidades e inquietudes sociales que recolecta la escuela son interpretados a la luz de un modelo educativo, y transformados en un proyecto educativo (currículum). Los valores, necesidades y preocupaciones sociales son analizados y seleccionados por la escuela, para luego convertirse en contenidos educativos. Y es a través de esos contenidos educativos -organizados en y por el currículum- como la escuela realiza su función educadora. Entonces, la escuela responde a las necesidades e inquietudes de la sociedad formando los ciudadanos, profesionistas y científicos que necesita; analiza la problemática social y propone soluciones; investiga la misma realidad y genera nuevos conocimientos e innovaciones; y desde una perspectiva cultural, conserva los bienes y valores de la sociedad, los transmite de generación en generación y fomenta su desarrollo. Es conveniente aclarar que la escuela no es la única institución social que tiene estos fines y funciones, algunos de ellos se realizan conjuntamente con la familia, la Iglesia, la empresa, las entidades gubernamentales y otras.
LA RELACIÓN MAESTRO ALUMNO.

El proceso educativo no es un proceso mecánico de producción, es un proceso que se da entre personas, por lo tanto, requiere formarse y desarrollarse sobre las particularidades de los actores del proceso

BASES PEDAGÓGICAS Y PSICOLÓGICAS DE LA ENSEÑANZA

 

. Educar no es cuestión de seguir recetas, ni apegarse a las técnicas al pie de la letra. Es cuestión de personas. Por lo tanto, los métodos y las estrategias deben seleccionarse, diseñarse o adaptarse dependiendo de las características de quienes intervienen y hacen posible esta tarea.

Sin duda la presencia del educador en el proceso educativo es imprescindible. Sus funciones pueden sintetizarse en una sola, ayudar a que el alumno aprenda6. Esta tarea tiene dos componentes esenciales:

a) El maestro debe proveer a los alumnos los contenidos educativos necesarios y establecer las condiciones que favorezcan su aprendizaje, o bien, orientarlo para que los alcance mediante la reflexión, la práctica o la investigación.

b) Se necesita que el maestro desee ayudar al alumno. Por otra parte, la tarea del alumno es aprender, pero esto no lo logrará sin que realice su propio esfuerzo.

El problema inicial relacionado con los actores del proceso educativo, es de carácter volitivo. Si el profesor no desea ayudar, o el alumno no quiere aprender, cualquier esfuerzo fracasará. Esto no significa que debe abandonarse todo esfuerzo educativo cuando el alumno no quiere estudiar, sino que parte de ese esfuerzo debe dedicarse a ayudarle al alumno a comprender el valor de la educación y a desearla para sí. Si el profesor intencionalmente quiere ayudar y el alumno, libremente, desea aprender, la tarea educativa inicia por el camino correcto. Sin embargo, el cubrir esta sola condición no garantiza el éxito en el aprendizaje.

En segunda instancia, se requiere establecer un puente de comunicación eficiente entre el maestro, el alumno y los contenidos curriculares. Esta es una tarea que corresponde esencialmente al maestro, y cuando lo logra, se propicia un clima realmente educativo. Por eso es que un profesor egoísta, tímido o aún autista estará severamente incapacitado para realizar eficientemente la tarea de educar, por la dificultad para establecer ese puente de comunicación.

También habrá dificultades importantes si el alumno es agresivo, excesivamente retraído o rechaza la escuela. En cuanto a la vinculación con los contenidos, al maestro también le corresponde mostrar su valor y hacerlos significativos para el alumno, de tal forma que éste quiera aprenderlos precisamente porque son valiosos y no sólo porque lo dice el profesor o porque están en el programa.

Las diferencias individuales son otros elementos que se han de considerar para que el proceso de enseñanza-aprendizaje resulte eficiente. En el aula se conjuntan una diversidad de capacidades, intereses y necesidades tanto del maestro como de los alumnos que es necesario considerar al momento de planear la actividad en el aula.

Encontramos maestros altamente persuasivos, que entusiasman rápidamente a sus alumnos, pero también docentes que basan la eficiencia de su labor en el trabajo constante y disciplinado. Asimismo encontramos alumnos participativos, que aprenden muy rápido, pero también los hay que requieren de un gran esfuerzo por aprender. Con respecto a las necesidades e intereses, la gama de posibilidades se multiplica. Y toda esta multiplicidad coincide en un aula. De no considerar esta diversidad se corre el riesgo de que el trabajo docente no cumpla con sus objetivos, o bien, que resulte benéfico sólo para unos pocos.

La formación previa, la experiencia y las capacidades personales, van conformando en el docente un estilo de enseñanza; pero también sucede lo mismo con el alumno, quien desarrolla su propio estilo de aprendizaje. No todos los alumnos aprenden de la misma manera, ni los estilos de enseñanza son los mismos en los profesores.

Algunos alumnos aprenden más y mejor analizando y conceptualizando; otros haciendo, practicando. Esta diversidad supone la posibilidad de encontrar estilos de enseñanza que no combinan con los estilos de aprendizaje de los alumnos, lo que plantea un problema más para el docente: cómo abordar la enseñanza, desde un estilo personal, pero de tal forma que resulte benéfico para todos los alumnos.

Las actitudes y expectativas de maestros y alumnos es otro factor que impacta de forma importante, aunque muchas veces de manera inconsciente, el trabajo docente. Los resultados de la enseñanza serán muy diferentes si el profesor se considera apto para conducir la clase, o si piensa que no lo es; si cree que su tarea se reduce a cubrir el programa, o bien, si considera que está formando jóvenes; si le gusta o no la materia que imparte; si considera que sus alumnos son capaces, que pueden aprender si cuentan con las condiciones necesarias, o si piensa que el salón de clases es un campo de batalla donde él debe salir vencedor. De igual forma sucede con el alumno, pues su aprendizaje se verá afectado por sus actitudes hacia la escuela, los maestros, las asignaturas, sus compañeros hacia sí mismo, etc.

La relación entre el maestro y el alumno sin duda debe ser otra fuente psicopedagógica de vital importancia para planear el proceso didáctico.

EL PROCESO DE APRENDIZAJE: CÓMO APRENDE EL ALUMNO.

Si el objetivo de la enseñanza es que el alumno aprenda, entonces se requiere primero entender cómo es que aprende el alumno. El aprendizaje es ante todo un proceso individual, nadie puede aprender por otro, y en la educación formal, regularmente necesita de la voluntad y el esfuerzo del alumno por aprender.

El aprendizaje es producto de la experiencia; por lo tanto, el estudiante no aprenderá si no entra en contacto con el objeto de aprendizaje; el aprendizaje es progresivo, lo cual supone que siempre lo nuevo dependerá y se desarrollará a partir de lo ya conocido. Asimismo, el aprendizaje implica necesariamente la adquisición de algo nuevo, o la modificación de algún aprendizaje previo. Además, aprender significa retener, lo que presupone que lo aprendido debe pasar a formar parte de los contenidos almacenados en la memoria a largo plazo. Estas son las características esenciales del aprendizaje y representan la base de toda estrategia didáctica.

El proceso de aprendizaje es más complejo que su sola conceptualización. En él podemos identificar al menos cinco elementos interrelacionados entre sí, que en conjunto nos explican cómo es que aprende el alumno. Estos componentes son: a) la memoria, b) motivación, c) hábitos, d) transferencia y e) procesos diferenciados en la adquisición de diferentes contenidos de aprendizaje.

En la educación formal, el proceso de aprendizaje inicia cuando el alumno tiene ante sí un contenido educativo que debe hacer propio. La primera condición para aprender es que el contenido educativo sea comprensible: esto significa que el alumno tenga antecedentes o referentes cognitivos -en la memoria- para entenderlo y que el profesor lo haya codificado en un nivel adecuado de comunicación. Asimismo, se requiere que el contenido educativo tenga sentido y significado para el alumno. Sin embargo, comprenderlo no basta. Para que haya aprendizaje es necesaria la retención más o menos permanente de lo aprendido. No se puede decir que se ha aprendido un nuevo conocimiento si no se puede recordar, ni que se ha desarrollado una habilidad si no se puede ejecutar.

El interés y la motivación influyen significativamente para que algo se aprenda y se retenga o no, puesto que el aprendizaje no es una actividad azarosa, sino que se da en presencia de fines, motivos, sentido y significado. La motivación no puede ser considerada como un añadido o un “plus” de la clase, es parte integral del proceso de aprendizaje. Si los contenidos no son interesantes, o no tienen sentido y significado para el alumno, difícilmente se aprenderán.

La posibilidad de poder recordar o ejecutar algo aprendido se relaciona con el hábito. Lo aprendido para que se convierta en parte del repertorio del alumno, requiere convertirse en hábito. Esto significa que el alumno ha interiorizado, ha hecho suyo el contenido de aprendizaje, de tal forma que actúa conforme lo aprendido. Prácticamente todo nuestro comportamiento está relacionado con nuestro sistema de hábitos, con nuestra forma de vivir. El objetivo de ir a la escuela no es sólo aprender conocimientos, si no, a partir de ellos, aprender a vivir.

Para culminar el proceso de aprendizaje, es necesario que lo aprendido pueda transferirse, esto es, que se generalice, que sirva para nuevos aprendizajes o bien que tenga alguna aplicación constructiva en su vida cotidiana. La transferencia hace posible una comprensión plena de lo aprendido y su vinculación con la realidad. Desde luego, no puede dejarse sólo al alumno la terea de transferir; ésta debe ser una responsabilidad del docente, quien debe planear las estrategias didácticas para que suceda.

Además de los elementos descritos, la explicación de cómo aprende el alumno requiere que se tenga en consideración que la manera de apropiarse de los diversos contenidos educativos requiere de vías diferentes. En el aprendizaje de conceptos, la experiencia previa es fundamental,

todo nuevo concepto sólo puede desarrollarse a partir de otros ya aprendidos. El aprendizaje de habilidades requiere secuencia, modelos, retroalimentación, pero, sobre todo, práctica. Las actitudes se aprenden en presencia de las mismas actitudes, y su adquisición se facilita con la reflexión y el análisis, el compromiso y la acción. La solución de problemas requiere del apoyo del método científico. El aprendizaje creativo necesita del aprecio por la diversidad, y de un clima de confianza.
La comprensión docente sobre cómo aprende el alumno es otro pilar del proceso de enseñanza.

EL CONTEXTO.

La educación es fenómeno social que sucede en un tiempo y en un espacio concreto, y en el que participan personas con rostros y nombres individuales. Si bien el conocimiento científico busca lo genérico, lo universal, la tarea pedagógica requiere adecuar la enseñanza de los principios científicos al contexto, de forma que resulten compresibles para los actores y aplicables a las condiciones del medio.
La contextualización representa un puente de enlace entre el currículum, el maestro y el alumno. Precisamente la palabra contexto significa unión, trabazón y es una condición obligada para unir la teoría con la práctica, la ciencia con la realidad.

EL PROCESO DIDÁCTICO.

La enseñanza se realiza y se administra alrededor de lo que se ha denominado proceso didáctico. En este proceso podemos distinguir cuatro elementos fundamenteles:

a) Los objetivos, que son los enunciados que describen el aprendizaje que se pretende adquiera el alumno al termino de una etapa o proceso educativo; se encuentran definidos en los programas y constituyen la guía del docente para planear y organizar sus actividades de enseñanza, así como para orientar y evaluar el aprendizaje del alumno.

b) Los contenidos, conforman la materia de estudio y corresponden a todos aquellos objetos de aprendizaje, seleccionados de manera sistemática e intencional, para lograr los objetivos curriculares. El contenido de los programas debe considerar las características de integración, secuencia y continuidad. Por lo tanto, para cumplir satisfactoriamente con lo determinado en el programa, es necesario que el profesor, además de respetar los contenidos, vincule el tema a tratar con conocimientos previos, lo presente de manera lógica y lo relacione con otras áreas del conocimiento.

c) Las estrategias, son procedimientos basados en la toma de decisiones conscientes e intencionales para el logro de los objetivos de aprendizaje. La selección de las estrategias depende de los objetivos y contenidos a tratar, que a su vez, determinarán los recursos y materiales didácticos necesarios.

d) La evaluación es una actividad sistemática y continua que permite conocer el desarrollo del proceso y el nivel de logro de los objetivos de aprendizaje. Es parte integral del proceso educativo, ya que está presente al inicio, durante y al final de la clase.

CONCLUSIONES:

La enseñanza, definida como la tarea planeada y sistemática que se desarrolla en el aula, está fundamentada en diversas fuentes: filosófica, política, social, etc. (desde luego, todas estas fuentes están reflejadas también en el currículum) pero las bases pedagógicas y psicológicas representan fuentes inmediatas que soportan el proceso enseñanza-aprendizaje y que deben ser comprendidas cabalmente por el docente. La comprensión del currículum, la relación maestro-alumno y el proceso de aprendizaje son aspectos que el profesor debe considerar en la planeación didáctica. El currículum es la fuente que provee a la enseñanza de los objetivos y los contenidos, y sugiere las estrategias metodológicas para llevarlo a cabo. Así mismo provee los modelos y procedimientos de evaluación del aprendizaje y de los procesos que se siguen para obtenerlo.

La relación maestro-alumno, fundamenta la dinámica de la clase, y hace de ésta un proceso humano de interrelaciones. El entender las diferencias individuales enriquece el proceso educativo y facilita el entendimiento y la comunicación entre sus actores. La comprensión de estas relaciones permite seleccionar o diseñar las estrategias más adecuadas y facilita el logro de los objetivos educativos.

La comprensión del proceso de aprendizaje, permite al maestro diseñar las estrategias de enseñanza para que el alumno alcance los objetivos educativos, de manera que el alumno los entienda, los retenga, se interese en ellos, le resulten significativos, los integre a su repertorio de aprendizajes haciéndolos suyos y los pueda aplicar.

El planeamiento de la clase requiere, por una parte, de la comprensión de cómo surgen, se seleccionan y estructuran los contenidos educativos, pero también de considerar el proceso educativo como una actividad humana donde convergen personas con sus necesidades, intereses y capacidades, que requieren del aprendizaje precisamente para satisfacer sus necesidades y sus deseos de superación. Requiere, además, fundamentar las estrategias didácticas en los principios que aporta la psicología sobre la forma en que el alumno aprende

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS:

Cano González, Rufino. Bases pedagógicas de la Educación Especial. Manual para la formación inicial del profesorado, Editorial Biblioteca Nueva, S.L.España.

http://www.grao.com/Editorial-Pedagogica

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